INTELIGENCIA EMOCIONAL

“La vida en familia supone nuestra primera escuela para el aprendizaje emocional (…). Esta escuela emocional funciona no solo a través de lo que los padres dicen o hacen directamente a los niños, sino en los modelos que ofrecen a la hora de manejar sus propios sentimientos y aquellos que tienen lugar entre marido y mujer.” Daniel Goleman

En Avanza durante nuestro trabajo diario, al acercarnos a los niños y niñas, a los adolescentes, adultos e incluso a las familias, le damos prioridad a los procesos emocionales que nos permiten sentir. Gracias a estos procesos podemos identificar, reconocer, valorar y expresar nuestras emociones. Esto nos permite dotar de inteligencia a la emoción.

Las emociones y los sentimientos son la pieza clave para un proceso vital en el que no estamos exentos de dificultades que nos obligan a cambiar para adaptarnos. Sin la inteligencia emocional estos cambios pueden resultar tan difíciles de afrontar que deriven en una mala adaptación que nos conduzca a un fracaso en nuestras relaciones, al malestar personal o incluso a desarrollar una patología.

Los procesos educativos y terapéuticos requieren de un aprendizaje anterior del manejo de las emociones. Con la Inteligencia Emocional la terapia y la educación son más eficientes y eficaces.

¿QUÉ ES LA INTELIGENCIA EMOCIONAL?

La Inteligencia Emocional tiene varias definiciones, según diferentes autores. Según P. Salonevy y J. Mayer, la Inteligencia Emocional es el conjunto de habilidades que contribuyen a la valoración exacta y a la regulación efectiva de las emociones, en uno mismo y en los otros. También es Inteligencia Emocional el uso de los sentimientos para motivarse, planificar y alcanzar las metas que nos proponemos en la vida.

Si dotamos a la emoción de inteligencia podremos:

- Valorar y regular de forma efectiva las emociones en uno mismo (control emocional).
– Valorar la expresión emocional de los otros (comunicación interpersonal).
– Utilizar los sentimientos propios para motivarnos.
– Planificar y alcanzar nuestras propias metas.
– En definitiva, nos ayudará a ser más felices.

La Inteligencia General, la inteligencia clásica, junto con las funciones ejecutivas y otros procesos cognitivos son fundamentales para poder alcanzar nuestras metas y propósitos. Si hay problemas en la memoria, o en la atención o no somos capaces de inhibirnos o de planificar bien el modo de realizar una tarea, es muy probable que no podamos alcanzar nuestro objetivo. Pero aunque todas estas funciones mentales superiores estén intactas, sin el aporte de la emoción, bien canalizada, bien expresada y valorada en su justa medida, difícilmente lograremos alcanzar nuestras metas.

En definitiva, la Inteligencia clásica (capacidad de razonar) por sí sola no nos permite alcanzar la felicidad. Para lograrlo hay que dotar la emoción de inteligencia. De esta forma lograremos nuestras metas relacionándonos de una forma más adecuada con las demás personas y alcanzaremos mayores cotas de tranquilidad y de bienestar.

¿DÓNDE Y CÓMO FOMENTAR LA INTELIGENCIA EMOCIONAL?

Entendemos que la Inteligencia Emocional es algo básico para las relaciones humanas, pieza fundamental de la motivación y elemento esencial para la planificación y ejecución de tareas. Por eso creemos que la Inteligencia Emocional hay que fomentarla en dos contextos fundamentales para los niños y las niñas. En primer lugar en la escuela, aunque esto no esté dentro del currículo oficial de la enseñanza en nuestro país. En segundo lugar, pero mucho más importante, en el contexto familiar.

Somos los adultos, como padres y madres o como profesores y profesoras, los que tenemos la obligación de transmitir estas habilidades a los niños y las niñas. Solo en un ambiente en el que demos prioridad a las emociones podrán nuestros hijos e hijas aprender a manejar la emoción de un modo inteligente. Por eso, lo fundamental para fomentar la Inteligencia Emocional en nuestros pequeños y pequeñas es cultivarlo en nosotros mismos.

Avanza te ofrece cursos y talleres para cultivar la Inteligencia Emocional:

En centros educativos:
– Para alumnos y alumnas de primaria o secundaria.
– Para padres y madres.

En nuestro centro:
– Para familias.

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